Mostrando entradas con la etiqueta PENSAMIENTOS SUELTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PENSAMIENTOS SUELTOS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de junio de 2012

Mañana Gris...


Frías y finas gotas de lluvia recorren el cristal, se vistió de gris la mañana…. Me amaneci pensando en vos… me amaneci con tu ausencia  a flor de piel… empecinada en recordarte, empecinada en  abrazar tu silueta imaginaria… te aprieto fuerte contra este pecho que se sabe solitario, intentando recordar ese tiempo cuando aun me querías, cuando aun tu voz sonaba en mi oído con dulces palabras de amor y de pasión... deseando volver a sentirte asi otra vez...

Aplasto el rostro contra el vidrio tal vez asi se fundan mis lagrimas  en cada gota de lluvia… tal vez asi se confundan  y nadie se de cuenta de este dolor agudo e implacable que me va creciendo dentro… y me obligo a sonreir…

Hoy saco la coraza para recorrer las calles mojadas, hoy saco la tristeza a caminar con mis zapatos…

martes, 28 de junio de 2011

SI PUDIERA COMPARARTE

Sos mi tema triste, mi canción sin concluir, mi locura de payaso, mi sensación de volar, la aventura de corsario, mi carrera sin fin.

Sos la sencillez de un poema, la ternura de un niño, la calidez de un rayito de sol por la mañana, la tersura de la rosa, el rocío de un día que recién despierta...

Sos el opaco cristal por el cual no debo mirar, la cajita cerrada con siete llaves, los bombones escondidos que no llegué a tocar, el trébol de cuatro hojas que no encontré en la hierba y mil temas que, no quiero tocar.

Tantas cosas sos... mi muerte, mi vida entera, los enigmas sin respuestas, mi ternura a manos llenas, mi cajita de galletas, mis deseos retenidos.

Si pudiera compararte... te diría que sos,
de una casa: un pasadizo escondido;
de una flor: el pólen aún no esparcido;
de un niño: la inocencia y la ternura;
de un juego: un barrilete multicolor que remonta vuelo;
del cielo: una nube pasajera que emula al sol;
de un sabor: la dulzura de un caramelo que conservás en la boca;
de un tiempo: un otoño triste y ocre de melancolías;
de una canción: un bolero ya cantado pero siempre nuevo;
de un objeto: los zapatitos nuevos que de niña me compraban;
del amor: un sueño casi imposible que aún no termina.

Podría decirte que sos mi manantial sin aguas turbias, que tenés la rara virtud de adentrarte en mi vida, que te siento como el poema mejor escrito... y sin embargo, sos una espina en mi costado, la herida abierta que nunca acaba por cerrar, la hiel amarga que penetro en mi sangre.

Podría decirte que corrés por mis venas, nadás en la nebulosa de mi mente y que vagas por los laberintos del recuerdo.

Podría contarte que me tomé el atrevimiento de soñar con tu cariño, que tengo la audacia de quererte, de sentir tu piel sin haberla tocado, de imaginarme a tu lado...

Podría decirte tanto.... pero debo ahogarlo.

domingo, 18 de octubre de 2009

La vida de María, mamá

A veces, la vida te juega malas pasadas y otras, te premia con alegrías...

Sabés, hombre o mujer que leés estas líneas?, te contaré de una muchacha campesina que tenía sueños tan lindos como ella...

María nació en un pueblito chiquito de Portugal, para ser más precisos, en San Bràs de Alportel, allá por el año '28. Trabajaba el campo para poder pagar y realizar su sueño de ser modista, una simple modista...

Un buen día conoció a Joaquín, muchacho trabajador y soñador, atractivo y bueno. Por aquel entonces los padres casaban a sus hijos, sacando partido de ello en una boda ventajosa y quizás infelíz...

Como te decía; Joaquín era querible y María lo amó. Ella pidió a su padre que consintiera el noviazgo de los dos, y por seis meses fue de buen grado aceptado, pero Don Manuel -su padre- había cambiado de parecer e hizo que cortaran relación y desde aquel día la vida, tanto para María como para Joaquín, fue una sucesión de penas...

Sólo podían verse a escondidas, y a hurtadillas confesarse su amor. María tuvo su primer gran desición, cuando cierto día, allá por el '49 Joaquin llorando le dijo que jamás la dejaría... Ellos no sabían que el tiempo y el destino se preparaban para separarlos...

María huyó de su casa y aceptó la protección de su abuelo, de donde no se iría hasta el día en que, cumplidos los 22, se casara con Joaquín un 14 de Octubre del '50.

Pasó el tiempo... Joaquín volvía del trabajo cansado y exhausto... y María, radiante María... le contó que pronto habría que pensar en pañales, escarpines, que deberían pensar en un nombre para cuando llegara el hijo.

Al diablo el cansancio y el agotamiento!, su linda María iba a tener un hijo... Los meses pasaron rápido, el dolor del parto, el llanto de una nueva vida, de una preciosa niña a la que llamarían Lidia, y allí donde se juntaron pena y alegría, se formó la idea de emigrar a Argentina.

Fue cosa de esperar cinco años y perder a otra hija, una hija que debió vivir y ser felíz, Marcelina... para hacer realidad ese sueño, el sueño de cruzar el horizonte.

Cuando llegaron con su hatillo de ropa, sueños y esperanzas; ya había un trabajo y un techo para ellos. Cuánto espacio, cuánto por hacer, cuánta felicidad... Joaquín logró comprarse una moto... y sabés?, la dicha acabó pronto. A un mes de tener "el sueño del hombre"; su propio sueño lo mata, le parte la médula en dos, le destroza el cuerpo; y mi pobre María esperaba a otro niño desde hacía tres meses.

Sí María, mi fuerte y luchadora María, quedaste sola en el mundo. Quién podrá reemplazar a Joaquín, el loco de Joaquín...? Cuanto dolor y noches de angustia pasaste entonces, qué soledad... Meses después, una fría mañana de Abril nació una niña, a la que llamarías Hodet.

Serviste en casa de unos primos para darles el pan y un techo a tus nenas chiquitas, luchabas cuerpo a cuerpo con la vida, deseabas tener tu casita.

Peso a peso, ladrillo a ladrillo, con tu sudor y tus lágrimas, ocho años más tarde la terminaste. Te sentiste tan felíz cuando por primera vez pernoctabas en TU CASA... Adivinaste un buen porvenir, hilvanaste sueños. Cuánta ilusión y brillo había en tus ojos aquel día, hasta creo que lloraste cuando tus hijas dormían, pues no hubiesen comprendido tus lágrimas; es que habías luchado tanto por tenerla...

Con ayuda de la familia y un poquito de aquí y un poquito de allá, instalaste una tienda humilde en el comedor y la gente conoció a ... Doña María, la modista. Porque valiéndote de la tienda, colocaste en la vidriera un cartelito pequeño que decía:

"Se recibe ropa"

" MODISTA"

Pasaron los años, el tiempo y la vida te dió un respiro. Tu hija mayor se casaba, y lo más importante, era felíz con el hombre que amaba. Jamás le pusiste trabas, sólo pedías para ella un hombre como aquel otro que acompañó tu camino, donde la muerte lo sorprendió.
Ahora quedaba la nena más pequeña, ella sería tu guía hasta que un día cuando creciese, otro ser se la llevara. Ahora sabías a ciencia cierta que debías esperar la gran noticia, aquella que años atrás le diste a Joaquín.

Un hijo siempre se espera con ansiedad pero más aún un nieto, y no fue mucho el tiempo que debiste esperar para saber que en nueve meses más tu hija sería ... mamá.

Un Julio lluvioso te descubrió abuela, una abuela jóven y trajinadora. Tus 43 años no importaban ahora, ni tus años de lucha porque en tu mente bailaban canciones de cuna antes cantadas, otra vez tenías en tus manos cálidas, pequeñas y dulces, el calor y la tibieza del cuerpecito de un bebé. Otra vez la vida te regaló el goce de la sonrisa tierna, de cambiar pañales y hacer de nuevo papilla y mamaderas.

Fabián, ojitos de cielo, se te quedó prendado en el corazón; y luego Marcelo, el niño que llegó once meses después... y ese aroma conocido y familiar, de pañales hervidos que se dejaban blanquear en una olla, te inundó la casa.

Los chicos crecían y las picardías de orinar en los zapatos de papá porque no había tiempo de pedirle a mamá... de esparcir fideos por la cocina imitando a Lidia cuando hacía la sopa o el cacao manchando la ropa, te hacían reír, viendo cómo tu nena grande, limpiando aquí y allá, trajinaba de nuevo en la casa.

Tu hija menor ya incursionaba en la secundaria... tus días pasaban y conforme lo hacían, te descubrían cansada, decidiste entonces tomarte unas vacaciones. Acompañada de tus padres viajaste a Mendoza, y allí encontraste el clima que otrora, en tu país lejano, perdido en tu mente, tuviste en la piel... cuando allá en el campo, sembrando y cosechando, soñabas con formar un hogar felíz.

Te sorprendiste un día pensando en mudarte, no te pareció mala la idea pero era riesgoza... partir con todo y dejar un poco tu cansancio y tu lucha a brazo partido con la vida.

Nuevamente en un Octubre hermoso irrumpió en tu vida el tercer nieto, Martín Eduardo sería el mimado juguete de los hermanos y de los mayores. Y no preguntaste nada, no te cuestionaste tu edad ni la felicidad, la aceptabas rozagante de alegría, contenta... chochera de abuela, que le dicen.

Tus dos hijas sin que nada supieras, hicieron un pacto silente que dictaminó tu mudanza, y así una vez más pensando seguramente, qué habría dicho Joaquín... cambiaste tu casa, tu patio sembrado de flores, arvejas y damazcos... ese Comodoro Rivadavia que no te preguntó de dónde venías y hacia dónde ibas, cuando años atrás llegabas en un barco de tercera clase, envolviendo ropas, recuerdos y sueños... cambiaste aquello por una selva de asfalto y de cemento...

Te costó empezar de nuevo en la extraña ciudad, pero siempre firme, orgullosa María, colocaste en tu casa nuevita un kiosco pequeño, lleno de golosinas para endulzar tu vida.

Tu simpatía y tu acento extraño, medio castellano y medio portugués, fue cobrando clientes que pedían fiado y otros que al contado pagaban sus vicios, y entre compra y compra te iban contando su pequeña historia.

-Doña María, me fía un atado?. Mañana le pago...- . Y Doña María, kiosquera de ley, les daba fiado una y otra vez...

Tiempo después Facundo vendría a renovarte las ganas. El cuarto varoncito de Lidia. Qué dichoso sería Joaquín si viviera, él siempre deseó un hijo varón...

Ya ves María, María mamá... hace algunos años llegaste a Argentina, cargando tus sueños, dejando recuerdos... pasaste estos años sembrando canteros con flores azules, rosadas y rojas; cosechando nietos, cosechando como en Portugal... amor y ternura, tristezas y llanto, extrañando a tu amor de ayer... a tu querido Joaquín.

Y vos, María mamá, me diste la vida, crecí a tu lado sembrando tus risas, crecí a tu lado junto al amor de tus labios, la ternura de tus manos y el sabor amargo que aún conservo en la boca... porque a papá Joaquín lo conocí a través de tí.

Y a vos, ternura pura, inocente amor, que cambió mis pañales sucios, que limpió mi boca y educó mi mente... a vos María mamá, te contaré la historia de una campesina linda que, mientras sembraba soñaba con ser.... una simple modista.









domingo, 21 de junio de 2009

CARTA A POLDY BIRD

Terminé de releer hoy las páginas de tu libro P:B:, ése, al que le pusiste..."PARA LEER SIN RIMMEL" y hubo un cuento en especial que hizo que me sintiera muy parecida a vos; por aquella niña que fuiste, tratando de hacer durar empecinada un helado rosado, por aquella hermosa pero triste criatura que se inventaba una mamá que aún vive porque va en tu recuerdo y un padre amoroso que hiciera menos triste tu infancia.

También sentí pena. Como vos, yo no me resigno a la muerte, como vos perdí a uno de mis seres, sólo que no tengo recuerdos y entonces comencé a fabricar algunos. Mi padre, sabés?, él quería vivir, era uno entre tantos seres que adoraba la libertad y el viento, pintaba y amaba, por sobre todo, amaba.

De chiquita cada vez que en el colegio primario nos daban para hacer una redacción y por tema: "Mi papá", yo no tenía mucho que escribir; a veces (muchas veces) me ponía a llorar y entonces las dulces maestras que conocían la historia venían a consolar un llanto gris que desdibujaba mi infancia, venían a consolar a alguien que ese empecinaba como vos, en hacer durar en el recuerdo a su padre muerto.

Lloro, lloro por vos mi querida Poldy y por mí. Alguna vez me erigí en el/la defensor/a de las "mujeres de la casa" que eran mi madre y mi hermana, al faltar Joaquín (así se llamaba) tenía derecho a ostentar el título del varón, del hombre de la casa y me vestía imaginariamente los pantalones de papá.

Sabés por qué digo que siento pena por vos?. Porque te siento niña y desamparada, porque tu padre no hizo más linda tu infancia, porque tal vez si lo pensás mejor, quizás puedas convencer a la nena del helado que él nunca le demostró lo que realmente sentía y también podía sentirse solo y desamparado sin tu mamá.

Tuve y tengo la gracia de poseér un ángel por madre que hizo que el recuerdo siga siendo fuego ardiente dentro mío, conservamos el secreto de traerlo a la tierra de vez en cuando para que no se sienta tan solo allá, donde habitan los que no regresan más y entonces mi padre va de paseo con las dos y recreamos en la intimidad sus malos humores, sus ganas, sus desalientos, todo lo que era suyo y fue poco a poco siendo nuestro. El ángel de mi madre, me recuerda noche a noche, cuando el sueño está casi por vencerme que debo rezar por él, que debo rezar...

Ella hizo que amara todo lo que fui conociendo con la avidéz que se siente en la niñéz, que caminara por los senderos del tiempo con menos dolor, con menos tristeza, con menos llanto... Sé que nunca asumiré la muerte de aquél que inconcientemente fue oxigenando mi vida, con cada paso, con cada estirón. Él duerme cerca mío, es una sombra cálida que me envuelve y que mi madre aprecia cuando me dice que soy muy parecida a él, porque adquirí sus gustos y su carácter... también sus rebeldías.

La gente a la que se ama profundamente jamás muere del todo, nosotros soplamos cálidas burbujas de vida a sus recuerdos para que estén menos lejos y más vivos; menos solos y más nuestros.

Ya ves P.B., que somos muy parecidas pero la diferencia entre nos radica en que a tu padre lo siguió un ángel cargado de ternura que nunca pudo alcanzarlo y te dejó en consecuencia más huérfana de amor que a mi.

Ahora, yo me siento un poco culpable por contarte que a pesar del espacio vacío, mi madre, un ángel que hace mucho anda por la tierra, se encargó personalmente de llenar ese vacío con el amor, la ternura y la bondad de los dos, lo hizo por él y por ella a la vez.

Puede ser que convenzas, con esa ternura que adquiriste con el tiempo, a esa chiquilla que sólo se parece vos cuando eras una nena...

domingo, 19 de abril de 2009

Un enanito tirano

Con cada paso de enanito jardinero que fuiste dando en este tiempo, fui aprendiendo al ritmo tuyo a conocer tu tierno mundo. Todo lo tuyo es pequeño, tan chiquito como tu cuerpo, como tus pasos y tus manos que todo lo quieren, todo lo desean abarcar; al principio inspeccionando, tomando luego y después de cierto tiempo, como todo a tu edad, deja de interesar.

Me he dado cuenta que en tu tiempo de jugar, de querer y no querer, habita un pequeño tirano, un diminuto enanito que, con caras y morisquetas de infinita ternura, nos va dictando a nosotros, "los grandes", cómo quieres que te quieran, cómo comprarnos cuando a ti se te dé la gana...

Te observo y termino por comprender que debo aprenderme todo de nuevo, repasar contigo una infancia, tal vez distinta pero hermosa, comprendo poco a poco tu deseo de quererlo todo, de tenerlo todo.

Tu nos has domesticado, como el Principito al Zorro, poco a poco te fuiste metiendo en nuestra piel para ya no salir de ella, te adheriste tan profundo que nada puede reemplazar tus artisteadas, tus poses que sabés, causan la sonrisa de todos. Nos domesticaste. Ya ves que estoy escribiéndole a un tirano de pelo revuelto, rubio como el trigo; a un tirano que evita que lo olviden siquiera por un momento, que espera constantemente detrás de cada puerta para espiar la vida de "los grandes".

Al niño que eres hoy trataré de protegerlo de esos grandes a los que les cuesta sentir la voz de lo pequeño, al niño que llevan dentro...

Ahora que todavía eres frágil deseo por todos los medios que no te "rompas" por dentro cuando llegue el momento de crecer. Intentaré mil caminos para enseñarte lo mejor, lo bueno..., y luego, con el tiempo, seguramente serás tú quien me enseñe.


A mi ahijado Facundo