Solitaria y triste mi tarde gris... anocheció de repente aunque el sol brillara afuera, burlándose obstinado de mi tormenta, de la cruel e impía sombra que cegaba la ilusión y los sueños que habitaban en mi alma.
Un momento, un instante... la ráfaga de la soledad duró un instante, un momento... fue suficiente para romper mis sueños.
Cristal fino era el castillo donde habitaba la ilusión que crecía, germinando en mis latidos, volviendo sol, las tardes de lluvioso otoño.
Y sé... ahora sé que no habrá más sueños, que el cristal frágil del castillo se trizó.... Sus trocitos de milenaria arenilla destrozan dentro, allí, donde el sol ya no alumbra y la penumbra va ganando terreno sin piedad a la palabra y al verbo sin conjugar... amar.
Y se me muere la tarde por fuera y por dentro, vuelvo a mis recuerdos, fabrico palabras donde ya no existen y me quito las ganas de llorar... necesito quitarme de encima la nostalgia, te busco en las sombras, te llamo, te nombro, te grito fuerte que me duele el alma, que tu voz me desgarra...
Te nombro en las sombras, flotando en el éter vendrá tu respuesta, a ahuecar mi noche, a encallecer mi dolor...
No me abandones, volvamos atrás, comienza otra vez y miente esta vez que tu si me quieres, que todo fue broma...
La noche me espera, quiere ver mis lágrimas que se crispan como tantas noches... en la almohada.
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lunes, 14 de septiembre de 2009
viernes, 26 de junio de 2009
A LA ESTACION DEL OLVIDO
Ya no me sirve de consuelo el saber que vas diciendo por ahí que me querés, que fui lo mejor, que... muchas cosas más que ya olvidé.
No me sirve el saber que te ame tanto y de tal manera como jamás podrás imaginar, ahora todo quedó atras como otro recuerdo, un tanto doloroso, triste... ahora intento imponerme el olvido silenciando tu nombre; aunque, no puedo volver la mirada hacia atras sin recordar tu manera de amar, lo poco que duró tu amor y mi alegría, los muchos días que necesité tu voz y quise estar a tu lado...
Ya no me sirve saber que contigo aprendí a ser mujer de veras, que jamás creí amar a nadie y con tanta intensidad, sin importarme el qué dirán, sin importarme el mañana... porque contigo aprendí que el presente debía vivirlo tal cual fuese, sin mirar atrás.
Ahora que te he visto después de mucho tiempo, caminando del brazo de otra persona, ahora que a tu cinismo lo conocí en ese rostro que tanto quise, que en el saludo se te dibujó una sonrisa hipócrita; con algo de orgullo pude responderte de igual manera y debo confesarte que quise hacerte daño, por Dios que lo intenté, pero todo fue tan rápido que tu paso y tu pareja no me dieron tiempo; y fue mejor. Me escude detrás de mi cobardía diciendo que no valía la pena... dejé pasar el tiempo para no llamarte con voz irónica, para mostrarte que no me importaba, y cuando quise hacerlo, ya no era el tiempo...; ¡si me moría de pena, si me pareció ser un árbol muriendo de pié, si tuve el impulso de dañarte, de hacerte mal, de tirarte la hipócrita carta en la que me decías que sin mí no vivías, en donde maldecías mi cariño por haberse refugiado en tu piel... pero si no podía verte del brazo de otra mujer que no fuese yo, y te maldije una y mil veces por haberte amado como nunca, como a nadie...!
No, no soy la displiciente mujer que lo da todo por el ser amado, sí, la que vive por y para él, sin concesión, sin compartir con nadie a ese hombre como no quise ser compartida con nadie más, sólo él, sólo vos... que seguís punzando muy dentro, aunque no te nombre, aunque prefiera no verte nunca más, aunque me engañe al silenciar tus palabras que se han grabado en mi piel, tratando de olvidar que tantas cosas fueron las que me unieron a ti, que muchos fueron los momentos irreproducibles que viví a tu lado...
Estoy buscando un atajo para llegar a la estación del olvido, necesito encontrar la mortaja de tus recuerdos, de tus pequeñas ternuras, y de esta sensación amarga que intento evadir de mi piel; el contacto de tus manos, la dulzura de tus besos... porque me costará mucho volver a empezar nuevamente, porque regresé a nuestros café eternos, meses atrás cuando aún el cariño era nuevo, cuando un día de lluvia estrenamos un sueño; uno, que ambos tendremos presente y tal vez realicemos, algún día, pero solos...
No me sirve el saber que te ame tanto y de tal manera como jamás podrás imaginar, ahora todo quedó atras como otro recuerdo, un tanto doloroso, triste... ahora intento imponerme el olvido silenciando tu nombre; aunque, no puedo volver la mirada hacia atras sin recordar tu manera de amar, lo poco que duró tu amor y mi alegría, los muchos días que necesité tu voz y quise estar a tu lado...
Ya no me sirve saber que contigo aprendí a ser mujer de veras, que jamás creí amar a nadie y con tanta intensidad, sin importarme el qué dirán, sin importarme el mañana... porque contigo aprendí que el presente debía vivirlo tal cual fuese, sin mirar atrás.
Ahora que te he visto después de mucho tiempo, caminando del brazo de otra persona, ahora que a tu cinismo lo conocí en ese rostro que tanto quise, que en el saludo se te dibujó una sonrisa hipócrita; con algo de orgullo pude responderte de igual manera y debo confesarte que quise hacerte daño, por Dios que lo intenté, pero todo fue tan rápido que tu paso y tu pareja no me dieron tiempo; y fue mejor. Me escude detrás de mi cobardía diciendo que no valía la pena... dejé pasar el tiempo para no llamarte con voz irónica, para mostrarte que no me importaba, y cuando quise hacerlo, ya no era el tiempo...; ¡si me moría de pena, si me pareció ser un árbol muriendo de pié, si tuve el impulso de dañarte, de hacerte mal, de tirarte la hipócrita carta en la que me decías que sin mí no vivías, en donde maldecías mi cariño por haberse refugiado en tu piel... pero si no podía verte del brazo de otra mujer que no fuese yo, y te maldije una y mil veces por haberte amado como nunca, como a nadie...!
No, no soy la displiciente mujer que lo da todo por el ser amado, sí, la que vive por y para él, sin concesión, sin compartir con nadie a ese hombre como no quise ser compartida con nadie más, sólo él, sólo vos... que seguís punzando muy dentro, aunque no te nombre, aunque prefiera no verte nunca más, aunque me engañe al silenciar tus palabras que se han grabado en mi piel, tratando de olvidar que tantas cosas fueron las que me unieron a ti, que muchos fueron los momentos irreproducibles que viví a tu lado...
Estoy buscando un atajo para llegar a la estación del olvido, necesito encontrar la mortaja de tus recuerdos, de tus pequeñas ternuras, y de esta sensación amarga que intento evadir de mi piel; el contacto de tus manos, la dulzura de tus besos... porque me costará mucho volver a empezar nuevamente, porque regresé a nuestros café eternos, meses atrás cuando aún el cariño era nuevo, cuando un día de lluvia estrenamos un sueño; uno, que ambos tendremos presente y tal vez realicemos, algún día, pero solos...
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